martes 19 de octubre de 2010
Mantiene Matilde/5 La perla. Gustavo se confiesa
La mejor decisión de mi vida fue solicitar los servicios de IMA-CROM. El ponerme en contacto con ellos se puede decir que ha sido providencial aunque todo este aserto parezca un reclamo publicitario. Sin ir más lejos hasta casi podría decir que ellos salvaron mi vida.
Matilde, esa fascinante mujer, se empeñó desde un principio en corregir lo de mi mal aliento, me orientó muy cabalmente sobre la etiología médica del asunto que desembocó en un tratamiento efectivo de una úlcera de estómago que yo desconocía padecer. Una puta gastritis. Resulta que ahora ha descubierto la medicina que tal afección está producida por una bacteria, un germen con un nombre muy feo, Helicobacter pylori, menuda bromita, y tiene muy fácil tratamiento a base de antibióticos combinados con inhibidores de secreción de ácidos. Algo impensable, algo para matar al doctor Tafalla, mi médico de cabecera.
Va a ser una gozada poder besar a una mujer de nuevo una vez que haya recuperado el frescor natural de mi boca. La última mujer que besé fue a una profesional del amor mercenario, y créanme si les digo que tuve que triplicar su tarifa porque se mostraba remisa a tal acercamiento.
De IMA-CROM, como les digo, no tengo queja ninguna, pero ya he pagado mi última factura y no pienso volver por la agencia. Desde hace un mes Matilde ya no trabaja allí, y no sé porqué motivo se niegan en redondo a darme cualquier indicación de su paradero, un teléfono, una dirección, o hacerle llegar una nota de mi parte. Por una de esas absurdas casualidades de la vida coincidí con ella en una boda en Canarias y no la he vuelto a ver desde aquella ocasión. Me chocó mucho verla tan borracha, tan deshinibida, una mujer tan hierática y equilibrada como es Matilde. Pero se mostró muy divertida y tuvo frases de auténtica lucidez conmigo, tal vez de lucidez de borracha, pero lucidez luminosa. Me dijo cosas que posiblemente no se atrevió a decirme nunca en su despacho, y me hizo pensar. Es bueno que alguien se sincere con uno y le haga replantearse su manera de ver el mundo, aunque yo también bebí más de lo aconsejado y me debí de acostar pronto porque no me acuerdo de nada más. Interrogo una y otra vez mi memoria para rescatar sus palabras que aún flotan en el aire. Esa mujer me hizo macramé por decirlo de alguna manera, me devolvió el sentido, y no piensen ustedes que aquello fue miel sobre hojuelas, no, me llamó de todo menos bonito, y lo peor del asunto es que me di cuenta de que tenía razón. Fue algo mágico, como un Saulo camino de Damasco me caí de la burra, vi la luz, descubrí lo ridículo que había sido durante toda mi vida. Fue muy dura conmigo, pero después me regaló una sonrisa que no olvidaré jamás.
A la mañana siguiente había un pendiente debajo de mi almohada, una hermosa perla engastada en oro, fue algo muy simbólico. A saber de dónde demonios saqué yo aquel pendiente.
Como les digo ahora soy otra persona y he cancelado mi contrato con la televisión. Quiero encontrar un trabajo que dignifique mi vida, aunque sea un trabajo manual, de ebanista o de carpintero. Trabajar de ebanista o de carpintero debe de ser muy hermoso, y sentir el tacto de la madera bajo las manos. También quiero tratar la disfunción eréctil que padezco desde hace ya diez años, probablemente sea todo psicológico y tenga un fácil tratamiento como lo de la úlcera.
Y ya no me importa comportarme de la manera que los demás esperan de mí. Y no me importa decir lo que los demás esperan que diga. Por eso ahora pronunciaré esas palabras que todos ustedes me pedirían que dijese, lo que siempre aguardan que les diga cuando me paran por la calle para pedirme un autógrafo: divina croqueta.
