miércoles 6 de octubre de 2010

Mantiene Matilde INTERMEZZO / Habla Rosana Téllez



Me lo pasé genial en Tenerife. Lo mejor de todo fue conocer a Borja que es un chico estupendo y está de toma pan y moja.
El parador nacional es una auténtica pasada con todas esas vistas de película. Fue una pena que cambiase el tiempo y nos chafase el último día de piscina, además tienen telescopios y Borja me había prometido enseñarme a encontrar la Cruz del Sur y Casiopea y la estrella Polar y no sé cuántas cosas más; pero ya te digo que el tiempo se puso horroroso. La novia llevó un traje de Isabel Zapardiez que era una auténtica cucada, y el novio un encanto, un cielo, majísimo, hacían muy buena pareja. Yo de verdad que me emocioné y solté unas lagrimitas porque a Paqui la quiero muchísimo y se merece lo mejor, espero que tengan mucha suerte. Ya te digo que la boda fue de cuento pero lo de Borja superó todas mis expectativas, tan desenvuelto y dicharachero aunque luego en el cuerpo a cuerpo se muestre brusco, torpe y a la defensiva, claro que a estas alturas una sabe muy bien cómo hacer saltar esa perdíz, faltaría plus. Es muy gracioso, te lo juro, parece que se va a comer el mundo pero luego te sorprende el poco rodaje que tiene, encantadora criatura, mmm... potito bledine de buenas noches, pollo con verduritas, jajaja. Se le perdona todo por las ocurrencias de pata de banco que se gasta, como cuando en la habitación nos bebimos las botellitas del minibar y él se empeñó en rellenarlas haciendo pis en ellas mientras decía con su cara de emperador romano: esta ronda la paga un servidor. De verdad, pensé que me daba algo, casi me muero de la risa, este chico es la crema, oye, la crema.
La que me dejó patidifusa y a cuadros fue Mati, una chica tan cuadriculada y cerebral, pero que se puso perdida con el Viña Pomal y acabó bailando el can-can y perdiendo los papeles.
Todo empezó en la cena cuando le comenté que estaba el showman ese de Tele 5, el que siempre dice lo de divina croqueta, pues fue verlo y se puso blanca como si hubiese visto una aparición, y empezó a mojarse el pico sin ton ni son, o sea algo como el camarero de El guatequecomo con avaricia, hasta que acabó superperjudicada la pobre. Me la crucé a la mañana siguiente en el hall y ni me saludó, andaba hecha unos zorros y toda desencajada, como con cara de condenada a muerte, menudo clavo debía de llevar la pobrecita, con lo pinturera que había venido para la boda, no somos nadie, de verdad.