jueves 29 de julio de 2010

teletienda



Melvin Pinkerton comienza a tomar consciencia del estado en que se encuentra después de dos días sin tomar la maldita medicación prescrita por su psiquiatra. Un mes de existencia de la que no guarda memoria alguna. La casa se encuentra en un estado de desorden absoluto, el salón está abarrotado de latas de cervezas vacías y cajas de cartón de pizzas de reparto. Debe de sobreponerse y no volver a tomar las cápsulas que han borrado su pasado inmediato, piensa que si continúa asi se convertirá en un ciclotímico babeante el resto de su vida. Ocupado en estas cavilaciones descubre en una esquina de la entrada un extraño objeto en el que no había reparado aún, un objeto que no le pertenece y del que no guarda recuerdo alguno, un artefacto sospechoso del que no acierta a encontrar ninguna utilidad, de forma cilindrica y pintura metalizada. Junto a él, sobre una silla, una factura que supone su sueldo de cuatro meses con su firma temblorosa en el margen inferior, un prospecto adicional le informa de las bondades de tan fantástica adquisición.
Usted que ya pudo observar la demostración de nuestro maravilloso producto en el spot comercial de la teletienda a través de su televisor ha tomado la decisión de ser uno de los pocos afortunados que podrá disfrutar de RINGO X, enhorabuena. Enchufe el aparato a la red eléctrica y espere a que el piloto de carga se ilumine con luz verde. Su vida ya nunca será la misma.
Melvin Pinkerton se siente muy cansado, enchufa aquel extraño artefacto, luego cae rendido en el sofá y no tarda mucho en abandonarse a un profundo sueño.
A las dos horas comienza a parpadear el piloto verde que anuncia una carga completa.
El cilindro se abre lentamente y empieza a salir de su interior un ser de consistencia viscosa y color verde botella que vomita un líquido naranja nada más tomar contacto con el suelo de la moqueta. Algo con muy malos modales que abre sus tres ojos inyectados en sangre y va armado con un fusil de pesca submarina.
Al fondo del salón se escuchan los ronquidos de Melvin Pinkerton que duerme placidamente en el sofá sin saber qué clase de sorpresa le deparará su última compra, de la que no guarda memoria.