jueves 25 de marzo de 2010

señorita glotona



Neckarville, Tubinga, 4 de agosto de 2010


Querida señorita glotona:
Me veo forzado una vez más a relatarle una jornada espantosa. Qué más quisiera yo que darle una alegría y someterla a una sesión de diapositivas color pastel con estampas graciosas y risueñas, algo que hiciese albergar alguna esperanza en su terapia.
Siempre me desvelan los mismos aparatos movidos por la electricidad: el despertador azul, el teléfono o el timbre. Malditos sean por siempre. Ya no me despierta ni el viento ni la lluvia ni el ladrar de los perros en el jardín, ni siquiera el marcar de las horas del campanario parroquial cuya exasperante constancia parece haber asimilado mi cerebro.
Ayer me decidí por fin a escribir un borrador sobre la prodigiosa vida de Nerval. Me acosté pronto y conseguí dormir. Me ha despertado el timbre de la puerta de servicio, era Nerval. Después de una estupenda noche de revelaciones oníricas perturbadas una y otra vez por la armónica de Bob Dylan (al que ahora odio) he tenido que abandonar una especie de iluminación de la que estaba siendo testigo. No he vuelto a comer carne cruda para provocar esas visiones, al final creo con de Quincey que Dryden y Fuseli eran unos completos farsantes; como te decía me ha sacado de la cama el imbécil de Nerval, que ya te comenté que se ha convertido en un auténtico oligofrénico. Venía a por un libro que decía que me había prestado, como siempre lo que quería era desayunar y no le he dejado pasar del vestíbulo, está en una fase en la que interpreta cualquier discurso humano de una manera equivocada en una suerte de recepción antípoda; esa faceta suya me irrita especialmente y he tenido que empujarle fuera de la casa de una manera violenta que me ha dejado mal cuerpo para el resto de la jornada. Luego me he puesto a buscar La balada del mar salado para escanear una viñeta que quería utilizar como ilustración para el artículo y no la he encontrado. Me ha exasperado buscar inútilmente toda la mañana y he tenido una crisis. Me dirá que me he ganado una zurra, pero me ha dado por destrozar el mobiliario, nada de gran valor, algún horrible souvenir, un par de cuadros sin firma y una silla, eso parece que me ha proporcionado alguna calma, eso y el escuchar un programa de radio en el que hablaban de la muerte de Buda, resulta que murió por una intoxicación de setas, qué interesante, nunca lo hubiera imaginado, usted tampoco, ¿verdad?
Luego he ido a dar mi paseo matutino hasta el río, me he llevado a los perros y un pescador ha corrido aterrorizado cuando los ha visto dirigirse hacia él ladrando como fieras que son, y por supuesto que le han acabado mordiendo. La gente no sabe nada del comportamiento animal, no saben que si huyes te conviertes en una presa, en una presa para un perro de presa. Si se hubiera estado quieto le habrían respetado. Ahora la gente le tiene mucho miedo a los perros. Yo creo que es porque ven mucho la televisión y quedan impresionados por todas esas noticias de perros asesinos, ¿no le parece?
Siempre aparece un imbécil que te jode el día y hoy ha habido doble ración, primero Nerval y luego el pescador timorato que pretendía que lo indemnizase por sus heridas.
He tenido que hacer uso de mi bastón y ha acabado por recular asustado hasta el cauce del río.
Señorita glotona, como ve, no puede pasar un solo día en el que no me persiga la sinrazón y el desatino. Por lo demás le diré que su retrato estará acabado para el mes que viene. No se demore en su respuesta, abrir el buzón y encontrarlo vacío me llena la cabeza de disparatadas sospechas.
Ahora le despido con la ya insoportable carga que produce el silencio.

A. W.