sábado 13 de febrero de 2010

FACEBOOK 1 Sandra ha comentado el estado de Virginia Estévez Arístide



Los músicos frustrados no saben liar.
Esta afirmación que a bote pronto puede resultar excesivamente grandilocuente y taxativa, esconde no obstante una gran verdad fruto de la experiencia, la reflexión y el análisis contable de las mismas, o sea, que es lo mismo que decir que está corroborada por la estadística.
Este asunto aún pareciendo baladí resulta determinante en la vida de muchos seres humanos. El Homo faber es ante todo ya músico, por la asunción lúdica o religiosa de las cadencias que entrañan sus habilidades, los repiqueteos de su herramienta percutora utilizada de pronto, en una página iluminada de la Prehistoria, como instrumento de interpretación. Pero, ¿que hay del Australopitecus? ¿quién se acuerda de él ahora? Hablo de esa masa ingente de seres torpes que cómo yo, jamás podrán disfrutar de la gloria de Euterpe, seres escasamente dotados para la música aunque después se autoproclamen melómanos en su circulo de amistades de forma harto ridícula dando inmediatamente pie a hilaridades de corrillo y chanzas de taberna.
Eso, ¿por qué hay gente que tiene manos de cirujano o pianista y otros cargamos con la cruz de tener dedos como ristras de butifarras o manos que en su deformidad aparentar ser monstruos marinos, cefalópodos asesinos a la espera de un naufragio?
Manos torpes, inhábiles, obtusas, manos que nunca serán blanca paloma que dibuja en el aire su vuelo sobre un arpa o sobre un violoncello.
Aún queda la esperanza de que exista un cielo para las manos torpes que tanto han padecido aquí en la tierra, un cielo donde las manos torpes alcancen por fin la Felicidad Suprema de los Inmortales después de tantas humillaciones y ejecuten complicados arpegios en una celestial sinfonía para manos torpes compuesta por Dios, por ese Dios de manos torpes que dicen que habita en los cielos.