miércoles, 6 de enero de 2010

Lhasa de Sela I.M.



Rara vez pasa ante nosotros algo fugaz como un cataclismo o un cometa de estela memorable. Aparece de pronto y sentimos que algo nos arrebata, como un torbellino o una danza de fuego que hiere las pupilas y amenaza con dejarnos ciegos o arrastrarnos a los confines del universo y nos pone el corazón en un puño. Luego se va igual que vino, terremoto o milagro de luz en la mañana. En realidad no sabemos muy bien qué demonios pasó .Intuimos que no es precisamente el viento lo que hizo volar nuestros sombreros, y quedamos arrugados, pequeños, por veces invisibles.