
Sebastian es todo refinamiento. Entra en la cafetería y todos le siguen con la mirada distraidamente, como quien no quiere la cosa. Se descubre con la mano derecha depositando el sombrero sobre una de las mesas que hay junto a la cristalera que da al Paseo de Lesseps mientras sonríe al camarero y comienza a desabotonar su gabán azul. Coloca cuidadosamente doblados la bufanda y el abrigo (con el forro hacia fuera), sobre el respaldo de la silla más próxima. Sebastian pasa las páginas del diario con la cadencia de un conductor de orquesta atacando un Andante.
Hace una pausa en su lectura y bebe un pequeño sorbo de su té de Ceilán, levantando la taza con el dedo meñique rigurosamente estirado (este detalle tiene fascinada a toda la concurrencia). Sebastian deja a un lado la prensa y mira a través de los cristales mientras medita: La Flor de Oro es la Luz. ¿Qué color tiene la Luz? Se toma la Flor de Oro como alegoría. Ésta es la verdadera fuerza del Gran Uno trascendente. La frase: "El plomo de la región del agua tiene sólo un sabor", lo indica.
Repite por tres veces seguidas la misma sucesión: saca del bolsillo de su chaleco el reloj con leontina, lo consulta en la palma cóncava de su mano y lo vuelve a guardar, se atusa el bigote, da un pequeño sorbo al té.
Luego se levanta coge sus cosas y deja al camarero el importe exacto de su consumición sobre la barra de marmol blanca.
Su prestancia, su saber estar, han impresionado una vez más a todos los presentes.
Sebastian sale a la calle ignorante de haber hecho felices por unos momentos a todos aquellos ciudadanos anónimos. Respira profundamente por la naríz, se siente liviano y quisiera volar, pero la leontina le tiene atado al mundo.
PRÓXIMAMENTE AQUÍ EN EL ANDARIEGO: ANILLO DE PEDIDA.