jueves, 18 de diciembre de 2008

El Andariego se va

Pinche sobre la imagen si se atreve

Todas las despedidas son difíciles, pero para El Andariego el adiós es como una Couldina la mañana después de la tormenta, un mero trámite para volver a la normalidad; que en su caso es el camino del proscrito, la senda de la oscuridad.
Igual que vino se fue, con el silencio del amanecer, sin grandes ceremonias, como si se marchase del hotel sin pagar la cuenta porque no es amigo de pompas ni boatos. A todos os amó y a nadie quiso, pues el amor lleva al deseo, y el deseo es fuente de todo sufrimiento. Emulando a Osama Muhammad al Wahad bin Laden, se retira , retrocede desde la colina de la soberbia a las profundas e inexploradas cavernas de la modestia interpretada. Pobre de aquel que se confíe, su regreso, su añorada vuelta despertará a las masas dormidas hasta ahora e incluso algún mártir de la causa se revolverá en su catafalco ante tal alboroto y despliegue. ¿Quién da crédito a sus palabras? Es obvio que se trata tan solo de la interpretación de un papel temporal que responde al sueño de su ambición en el que la militancia cabalga a lomos del absurdo. En cada entrada (fruto de la escritura automática prescrita por su médico de cabecera) quiso dejaros una pequeña bomba de relojería que explotará cuando él ya esté lejos. Ahora debe empeñar su PC para comprarse ropa interior y continuar su viaje a ningún sitio. Adiós Amigos, que el cielo nos colme de venturas, que aventuras... ya tenemos bastantes.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

EPISTOLARIO 1 La carta de Cornelius



Estimado Sr. Andariego, me dirijo a usted con el único propósito de aclarar algún malentendido que al parecer se está produciendo por causas ajenas a mi voluntad, y que aún careciendo de importancia, no deja de causarme cierta perplejidad.
Al parecer y según vengo comprobando en los últimos tiempos, por varios cauces y a través de diferentes sujetos, emite usted alguna suerte de información sobre mi persona, que al no ajustarse a la verdad puede llegar a generar equívocos en terceros; esto, que al ser una práctica habitual en los tiempos que corren, uno ya tiene asumido, puede sin embargo generar inconvenientes y obstáculos cuando se adentra en el ámbito laboral.
Me consta que es usted persona de cierto talento y enseguida comprenderá el objeto de esta misiva.
Le ruego encarecidamente, que a partir de ahora, elija usted otro motivo para sus composiciones literarias, conminándole de esta manera a que me borre de su imaginario. Le aseguro que eso facilitará una mayor paz espiritual en usted y lejos de guardarle algún rencor, tendrá para siempre mi agradecimiento sincero.

Deseándole felicidad se despide suyo affmo.

Cornelius Turpin.

lunes, 15 de diciembre de 2008

acelgas con anchoas



1 Kilo de acelgas
1 Cabeza de ajo
1 Cebolleta picada
12 Filetes de anchoas de lata
Aceite de oliva virgen
Sal

Se cortan las acelgas en pedacitos y se cuecen con sal con la cabeza de ajos sin pelar. Una vez cocido, escurrir las acelgas. Pelar los ajos y hacer puré con ellos.
En una sartén con aceite, pochar la cebolleta picada. Cuando esté dorada, agregar el puré de ajo. Rehogar y añadir las anchoas troceadas, removiendo hasta incorporar las acelgas. Calentar hasta darle su punto. Servir acompañado de un txakolí de Guetaria, casero a ser posible.

lunes, 8 de diciembre de 2008

tatúame un pez martillo



Es día de Navidad en el Penal de San Diego. Tres hombres aseguran las correas de la tumbona anatómica. El reo ha rehusado ser asistido por un sacerdote, tampoco ha querido dejar ningún mensaje para su familia.
-¿Familia?...Que te folle un pez, MacMillan -Ha sido su respuesta.
Dos años en el corredor de la muerte le han dejado un rictus irónico difícil de clasificar. Ninguno de los asistentes es capaz de sostener aquella mirada. Como estaba previsto la orden escrita del Gobernador de California llega a su hora. El abogado ya le había aconsejado que no esperase medidas de clemencia.
Es tiempo del ritual del veneno. Las tres inyecciones están preparadas. La primera es una dosis de Pentotal sódico capaz de anular la voluntad de un caballo hasta dejarlo inconsciente, la segunda es de Bromuro de pancuronio, un relajante que paraliza todos los músculos excepto el cardiaco; por último, Cloruro de potasio, que detiene el corazón y causa la muerte.
El Alcaide, antes de dar la orden fatal, comunica al condenado a muerte su derecho a cumplir el último deseo. Ante la mirada atónita de todos los presentes el reo Heriberto Zabala sonríe como un viejo coyote mientras exclama con serenidad pasmosa:
-Sheriff, tatúame un pez martillo.

joven coronado basileo en Bizancio




REYES ALEJANDRINOS

Los alejandrinos han acudido
para ver a los hijos de Cleopatra
Cesarión y sus hermanos pequeños,
Alejandro y Ptolomeo, a quienes
por primera vez llevan al Gimnasio
para ser proclamados reyes
ante un soberbio alarde de soldados.

Alejandro - nombrado rey
de Armenia, de Persia y de los Partos.
Ptolomeo- a quien dan los reinos
de Cilicia, de Siria y de Fenicia.
Cesarión está de pie algo más
adelantado, vestido de rosa,
sobre su pecho lleva un ramo de jacintos,
su cinturón doble ostenta zafiros y amatistas,
sus sandalias sujetas con cintas blancas
lucen rosadas perlas.
Otorgada le es dignidad superior a sus hermanos,
pues le han nombrado Rey de Reyes.

Los alejandrinos sabían ciertamente
cómo se reducía todo a palabras y teatro.

Pero el día era luminoso y poético,
el cielo azul y claro,
y el Gimnasio de Alejandría un
triunfo clamoroso del arte,
así como la extraordinaria magnificiencia de los cortesanos,
y sobre todo Cesarión, imagen de la gracia y la belleza
(hijo de Cleopatra, sangre de los Lágidas);
así los alejandrinos corrían a la fiesta,
y se entusiasmaban y aclamaban,
en griego y en egipcio y algunos en hebreo,
arrebatados por la fascinación del espectáculo-
aunque muy bien sabían el valor de esas cosas,
el sonoro vacío de aquella realeza.

Konstantino Kavafis.

jueves, 4 de diciembre de 2008

la barahúnda


La dama de honor, John Everett Millais

Si hubiera habido músicos no se habría distingudo su melodía; los hombres comían carne y bebían en abundancia hablando a gritos los unos con los otros a pesar de estar tan próximos. La barahúnda era tal que sólo leyendo en los labios del interlocutor podía alguien llevar a duras penas el hilo de una conversación. La mujer de pelo rojo observaba la boca inmóvil de su acompañante que no respondía a sus palabras, solamente un gesto, un movimiento de cabeza o una sonrisa era lo que recibía como respuesta. Podría ser una celebración del sur de Europa, pero también podría serlo del norte de África. Entró bajo la carpa un hombre fornido en manga corta con un largo tridente del que colgaba un gran pedazo de carne que goteaba sobre el piso. Ella creyó ver un ser mitológico surgido por ensalmo de la nada; él, un bárbaro en el saqueo de una plaza enemiga. Se miraron cómplices, él apenas comía.
Ella era muy hermosa, de ojos grandes, de pechos ligeramente caídos hacia arriba, de pelo largo y rojizo como la crin de una yegua salvaje. Él pensó que también se sentía un bárbaro saboreando el botín de una victoria y deseó gritar como hacían los otros comensales y participar de aquel estrépito primitivo, y erigirse en caudillo de aquella manada de lobos aulladores.


Mujer con pelo largo, Man Ray